¿POR QUÉ ASKA NO ENSEÑA SU CARA?
La identidad detrás de una gorra, una voz digital y unas cuantas verdades.

Hay algo que probablemente hayas observado si has visto mis publicaciones, mis videoclips o las imágenes que acompañan mis canciones.
ASKA casi nunca enseña su rostro.
Una gorra negra, una sudadera, sombras y una estética bastante alejada de esa necesidad actual de mostrar absolutamente todo.
Y no, no es casualidad.
Detrás de esa decisión hay una manera de entender la música, la identidad y, sobre todo, la exposición personal.
Porque vivimos en una época en la que parece que, para que alguien escuche lo que tienes que decir, primero tienes que enseñarle quién eres, dónde vives, qué haces, qué comes y, si puede ser, hasta cómo te levantas por las mañanas.
Yo he decidido hacerlo de otra manera.
No quiero que mi imagen tenga más importancia que mis palabras
Cuando empecé a construir ASKA tenía bastante claro qué quería transmitir musicalmente.
Quería escribir rap.
Quería contar historias.
Quería hablar de emociones, contradicciones, heridas, relaciones humanas y de todas esas cosas que normalmente escondemos detrás de una aparente normalidad.
Pero también tenía claro algo más: no quería que mi aspecto físico condicionara la manera en que alguien escuchara mis canciones.
Soy mujer, tengo 43 años y una vida construida mucho antes de que existiera ASKA.
Y sé perfectamente cómo funciona nuestra sociedad.
Nos guste o no, seguimos juzgando a las personas por su edad, su apariencia, su forma de vestir o por lo que creemos que deberían estar haciendo en determinada etapa de su vida.
Especialmente cuando hablamos de mujeres.
Y todavía más cuando hablamos de música urbana.
No quiero que alguien escuche una canción pensando primero en cuántos años tengo, si encajo en determinado estereotipo o si mi aspecto corresponde a lo que espera encontrar detrás de una canción de rap.
Prefiero que primero escuche lo que tengo que decir.
Después, si quiere saber quién está detrás, esa ya es otra historia.
ASKA no es una máscara para esconderme
Hay una diferencia importante entre esconderse y decidir qué parte de uno mismo quiere mostrar.
No considero que ASKA sea una forma de ocultarme.
De hecho, ocurre algo bastante paradójico.
En mis letras puedo llegar a mostrar aspectos de mí que probablemente nunca compartiría en una conversación cotidiana.
Puedo hablar de rabia, vulnerabilidad, contradicciones, decepciones o experiencias que me han marcado.
Puedo escribir cosas que quizá no diría mirando directamente a alguien a los ojos.
Y, sin embargo, mi rostro permanece en segundo plano.
Es curioso.
Puedo enseñar mucho más de mí a través de una canción que a través de una fotografía.
Por eso no siento que esté escondiéndome.
Simplemente he elegido otra manera de mostrarme.
La psicología también tiene algo que ver
Supongo que mi profesión influye bastante en esta decisión.
Como psicóloga, llevo años interesándome por la identidad y por la diferencia entre lo que somos, lo que mostramos y lo que los demás interpretan de nosotros.
Todos construimos una imagen pública.
Todos seleccionamos qué enseñamos.
Y todos, de alguna manera, interpretamos diferentes papeles dependiendo del contexto.
No somos exactamente iguales en el trabajo, con nuestros amigos, con nuestra familia o cuando estamos completamente solos.
Eso no significa necesariamente que estemos fingiendo.
Significa que nuestra identidad tiene muchas dimensiones.
ASKA es una de las mías.
Una dimensión creativa que me permite expresarme de una forma diferente.
No necesito que todas las partes de mi vida estén expuestas para que esa identidad artística tenga sentido.
Una voz digital y un rostro que permanece en la sombra
Hay otra cuestión que hace especialmente interesante este proyecto.
Como ya he contado en otras entradas, utilizo Inteligencia Artificial para producir mis canciones y trabajar con una representación digital de mi propia voz.
Por tanto, ASKA tiene algo peculiar.
Su voz puede existir digitalmente.
Su imagen puede representarse mediante un avatar.
Y sus canciones pueden construirse utilizando herramientas tecnológicas.
Pero las letras parten de una persona real.
De mí.
Y aquí aparece una contradicción que me resulta fascinante.
Vivimos obsesionados con mostrar nuestra imagen real en internet, mientras utilizamos filtros, retoques y herramientas para modificarla constantemente.
Yo he elegido utilizar una representación artística desde el principio.
No pretendo que mi avatar sea una fotografía documental de quién soy.
Es la imagen que he elegido para representar mi música.
Y creo que hay bastante libertad en eso.
¿Y si algún día enseño mi cara?
No lo descarto.
Tampoco me lo planteo como un gran acontecimiento que tenga que preparar cuidadosamente.
No quiero convertir mi identidad en un misterio artificial ni utilizar el anonimato como una estrategia para generar expectación.
Simplemente, ahora mismo, no siento que enseñar mi rostro aporte algo imprescindible a mis canciones.
Quizá algún día cambie de opinión.
Las personas evolucionamos.
Los proyectos también.
Y no tendría demasiado sentido dedicarme a escribir sobre las contradicciones humanas para después fingir que yo nunca cambio de criterio.
No quiero convertirme en un producto
Hay algo de las redes sociales que me genera cierta resistencia.
La sensación de que ya no basta con crear algo.
También tienes que vender constantemente una versión de ti mismo.
Mostrarte.
Explicarte.
Exponerte.
Convertir cada momento de tu vida en contenido.
Entiendo que la promoción forma parte de cualquier proyecto musical. Yo también utilizo Instagram, TikTok y YouTube para dar a conocer mis canciones.
Pero quiero intentar mantener una frontera.
ASKA es mi proyecto artístico, no una invitación a entrar en todos los rincones de mi vida privada.
No necesito contar absolutamente todo para escribir con honestidad.
Y tampoco creo que la autenticidad se mida por la cantidad de información personal que compartimos.
A veces, precisamente, proteger determinados espacios nos permite crear con mayor libertad.
Detrás de ASKA hay una persona, no un personaje perfecto
No quiero construir una figura misteriosa, inaccesible o artificialmente interesante.
No me interesa parecer más dura, más joven, más rebelde o más interesante de lo que soy.
ASKA tiene contradicciones porque yo las tengo.
Hay canciones que nacen de la rabia.
Otras de la tristeza.
Otras de experiencias que todavía intento comprender.
Y algunas simplemente de observar el mundo y preguntarme cómo hemos conseguido normalizar determinadas cosas.
No todas mis canciones son autobiográficas.
No todo lo que escribo me ha ocurrido literalmente.
Pero incluso cuando construyo una historia ficticia, hay algo de mi manera de entender el mundo dentro de ella.
Eso es lo que quiero que llegue a quien escucha.
No una imagen perfecta.
No una identidad cuidadosamente diseñada para gustar.
Sino una forma de mirar, pensar y escribir.
Al final, lo importante nunca estuvo debajo de la gorra
Quizá algún día alguien reconozca mi cara por la calle.
O quizá ASKA siga siendo simplemente una gorra negra, una voz digital y unas letras que circulan por las plataformas musicales.
Cualquiera de las dos posibilidades me parece bien.
Porque nunca he querido que este proyecto dependa de cuánto se sepa sobre mí.
Me gustaría que alguien pudiera escuchar una canción sin conocer mi edad, mi profesión, mi aspecto o mi historia personal y encontrar algo que le hiciera pensar.
O sentir.
O recordar.
O cuestionarse alguna cosa.
Y si eso ocurre, aunque sea con una sola persona, habrá merecido la pena.
Porque no necesito enseñar mi cara para dar la cara por lo que escribo.
Soy ASKA.
Y prefiero que me conozcas por lo que digo antes que por lo que ves.
ASKA | Desde abajo.
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