Cómo utilizo la Inteligencia Artificial para crear música
La tecnología es la herramienta. La historia sigue siendo humana.

ASKA nace de una mezcla bastante poco convencional: mi necesidad de escribir, mi experiencia y mi forma de observar a las personas, la vida y todo aquello que muchas veces preferimos no decir en voz alta.
Mi proyecto es independiente y se mueve entre el rap consciente y la poesía urbana. Detrás de cada canción estoy yo, escribiendo cada verso, buscando las palabras exactas y tratando de convertir pensamientos, emociones y experiencias en algo que pueda convertirse en música.
Y aquí aparece una pregunta que me hacen cada vez más: ¿cómo hago las canciones?
La respuesta corta sería: utilizando Inteligencia Artificial.
La respuesta real es bastante más complicada.
La IA no escribe mis canciones
Cada letra empieza conmigo.
No le pido a una inteligencia artificial que me escriba una canción y después la publico. No funciona así. Cada verso, cada rima, cada concepto y cada mensaje parten de mí.
Escribo las letras a mano y trabajo sobre ellas como lo haría cualquier persona que compone: buscando una métrica que funcione, jugando con las palabras, cambiando una frase porque no transmite exactamente lo que quiero decir y, muchas veces, destruyendo una estrofa entera para volver a empezar.
La diferencia está en lo que ocurre después.
Yo no tengo un estudio de grabación tradicional ni una banda detrás. Mi forma de producir música parte de herramientas digitales y, especialmente, de la Inteligencia Artificial.
Y aquí es donde para mí empieza la parte más interesante del proceso.
No pulso un botón y aparece una canción
Existe una idea bastante extendida de que utilizar IA para hacer música consiste en escribir una frase, pulsar un botón y esperar a que aparezca una canción terminada.
En mi caso, está muy lejos de ser así.
Antes de generar una canción tengo que tomar decisiones creativas. Pienso qué quiero transmitir, qué atmósfera necesita la letra, qué tipo de instrumental puede acompañarla y qué emoción quiero provocar.
Trabajo con elementos como la tonalidad, la velocidad, los BPM, la estructura del tema, las melodías y el carácter que quiero que tenga la producción.
Por ejemplo, muchas de mis canciones necesitan tonalidades menores porque busco ese punto de melancolía, oscuridad o tensión que forma parte de la identidad de ASKA. No es una decisión aleatoria. La música tiene que estar al servicio de lo que estoy contando.
Después llega la parte de experimentar.
Genero diferentes posibilidades, escucho, descarto, vuelvo atrás, cambio indicaciones y pruebo otra vez.
A veces una versión funciona musicalmente pero no transmite lo que necesito. Otras veces aparece algo inesperado que me lleva por un camino que no había previsto.
Y ahí está una de las partes que más me interesa de trabajar con IA: la conversación creativa que se produce entre lo que yo imagino y lo que finalmente aparece.
Entonces, ¿quién compone?
Esta es probablemente la pregunta más incómoda.
Y también una de las que más me interesa.
Yo no considero que la IA sea simplemente “la compositora” de mis canciones. Para mí es una herramienta de producción y de exploración creativa.
La idea, la letra, el mensaje, la intención y las decisiones que definen cada canción parten de mí. La IA me permite convertir todo eso en una producción musical y experimentar con posibilidades que, de otra manera, no tendría a mi alcance.
No pretendo fingir que estoy haciendo música de la misma manera que alguien que entra en un estudio con músicos, productor, ingeniero de sonido y cantante.
Estoy haciendo otra cosa.
Estoy construyendo una forma diferente de crear.
Y precisamente por eso no quiero esconder cómo hago mis canciones.
ASKA no nace de intentar aparentar algo que no soy. Nace de utilizar las herramientas que tengo para poder sacar fuera todo aquello que necesito contar.
La parte humana sigue estando al principio de todo
Puede parecer paradójico que un proyecto tan relacionado con la Inteligencia Artificial hable tanto de lo humano.
Pero para mí ahí está precisamente la cuestión.
Una máquina puede ayudarme a generar una voz, una melodía o una producción. Puede ayudarme a probar cientos de posibilidades en un tiempo que sería imposible para mí.
Pero no ha vivido lo que estoy contando.
No ha tenido mis pensamientos.
No ha escrito esa frase porque necesitaba decirla.
La decisión de convertir una determinada experiencia en una canción sigue siendo mía.
Y quizá esa sea la parte que más me importa de ASKA.
La tecnología es la herramienta.
La historia sigue siendo humana.
Crear desde un lugar diferente
ASKA todavía es un proyecto pequeño. Tengo una comunidad muy reducida y estoy empezando a encontrar mi espacio en plataformas como YouTube y Suno.
Pero precisamente por estar empezando también tengo la oportunidad de experimentar.
No quiero construir ASKA siguiendo necesariamente las reglas tradicionales de la industria musical.
Quiero descubrir hasta dónde puedo llevar una idea cuando combino escritura, psicología, poesía, rap, tecnología e Inteligencia Artificial.
No sé exactamente dónde terminará este experimento.
Lo que sí sé es que cada canción empieza de la misma manera: con algo que necesito decir.
Después viene todo lo demás.
¿Quieres estar al día?
Suscríbete a la newsletter y reserva el pre-save del EP 1: Ceniza en los bolsillos para recibir avisos antes que nadie.
Comentarios (0)
Normas de convivencia
Se lee todo antes de publicarse. Aquí cabe la crítica, la duda y el desacuerdo; no caben los insultos, el odio, los datos personales ni el spam. Los comentarios que incumplan estas normas no se publicarán.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en escribir.